. . el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque ... se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna" (Juan 4:13,14 VP).
Todos los seres humanos tienen una imagen de sí mismos. Algunos de los elementos de tal imagen se mezclan con aquellas cosas que nos gustaría ser o tener. Lo anterior tiene una relación directa con nuestro origen y el por qué somos como somos o reaccionamos como lo hacemos en determinadas circunstancias.
Los artistas han querido responder a tal inquietud a través de pinturas o esculturas que en proporciones escasas o grotescas están indicando un intento de respuesta. Ellos, como el resto de los mortales., fantasean y hasta se proyectan en una búsqueda interminable del hombre y la mujer perfectos, que sólo existen en su afiebrada imaginación.
Pero el tema y las preguntas siguen allí: ¿Quiénes somos? ¿Cuál es la imagen que llevamos en y dentro de nosotros? Puesto en otras palabras, el gran tema es qué cosa o quién es el hombre. Y cuando hablamos del hombre, nos referimos a la representación del género humano que incluye también a la mujer.
Si somos producto de la casualidad o del azar, entonces no portamos ni transmitimos imagen alguna. De ser así, toda nuestra existencia no es más que una humorada cósmica que nadie puede apreciar, ya que la decepción y la angustia se han apoderado de los hombres y mujeres que pueblan un planeta que un día dejará de existir.
No cabe dudas que en todas las culturas y edades el ser humano ha tratado de entender su destino y también de explicar los sueños e ilusiones que le hacen intuir la existencia de un Creador inteligente y de un hombre que responde a un principio y a un final con propósito y designio. En otras palabras, lo anterior significa que cada uno sabe en su conciencia que vive para cumplir ciertas metas en la vida y que hemos sido creados para intentar tales metas.
Física y mentalmente, cada uno de nosotros tiene hecha una imagen de sí mismo. Hemos aprendido a conocerla y a vivir con ella a través de nuestra vida. Cualquier mutilación de esa imagen significa un golpe duro que a veces no se puede aquilatar. Como el caso de María, una joven que trabajó y se sacrificó ahorrando todo lo que podía para poder pagar a uno de los mejores cirujanos plásticos de su país para que le corrigiera lo que ella estimaba eran defectos en su rostro.
Cuando llegó el gran momento de retirar las vendas, después de la operación y la convalecencia adecuada, el médico y las enfermeras se quedaron asombrados al contemplar tales armonía y hermosura en aquella cara que hasta hacía muy poco había sido un tanto desproporcionada. Todos estaban contentos, excepto María, quién no podía aceptar la imagen que le devolvía el espejo, porque ella tenía otra idea de sí misma. Se requirieron innumerables citas y tratamientos con psicólogos y consejeros, antes que la muchacha pudiera superar tal trance. Pero por muchos años, al mirarse al espejo, no pudo aceptar que ella era ahora esa persona, de rasgos bellos y armoniosos pero distinta de la que recordaba.
Espiritualmente, portamos una imagen que no es nuestra. De acuerdo al relato de la Biblia, hemos sido creados a la imagen y semejanza de Dios. Y con este punto de partida, afirmamos de inmediato que somos criaturas especiales en una creación que sí tiene propósito y designio.
Es siguiendo el texto de las Sagradas Escrituras como tú vas a llegar a entender quién eres y por qué estás aquí. La cuestión no es si tú crees o no que la Biblia es importante y veraz sino que, de la misma manera que no puedes oscurecer el sol tapándolo con una mano, tampoco las enseñanzas y verdades de la Biblia van a dejar de existir o perder su valor porque tú las niegues. Así de básico y así de simple.
Y créeme, no existe otra fuente donde puedas encontrar la explicación al dilema de la existencia del hombre sobre esta tierra. Por supuesto que se ha intentado, pero todos los esfuerzos han resultado vanos. Desde los evolucionistas, que creen en las casualidades con una fe digna de la mejor religión, hasta los que se dicen ateos y que para negar a Dios tienen que mencionarle ...
Sin embargo, existe una mala noticia con respecto a esta imagen a la que nos hemos referido al principio. Hemos hablado de un hombre o un ser humano parecido a Dios; es decir, que portaba en sí mismo algunas de las cualidades del Creador. Podemos referirnos a ellas como, por ejemplo, el hecho de buscar lo bueno, lo santo, lo puro. También podemos hablar del amor, la fraternidad, lo que se llama comúnmente buena voluntad.
Sin embargo, la mala noticia nos la plantea el libro del Génesis. Afirma este libro, en el capítulo 5, versículo 3, que: "Adán tenía 130 años cuando nació su hijo, al que llamó Set, y que era semejante a él en todo" (Génesis 5: 3 VP).
Este parecerse a Adán en todo está implicando que, a partir de ahora, la imagen que prevalece en el ser humano es aquella de la herencia adámica, en donde el futuro del hombre y la mujer está de terminado, y no sólo eso, sino también contaminado por el pecado.
¡Qué palabra más negativa ésta de pecado! Sin embargo, también tenemos que mencionarla, porque tú y yo estamos condicionados no sólo por la palabra sino también por la actitud y las acciones que significan tal concepto.
Ante este hecho, y ante esta realidad, ¿le queda alguna salida al ser humano? Esta pregunta y este tema han estado en la mente y en el análisis de todas las personas desde siempre. Porque, en su interior, el ser humano intuye que ha sido creado con propósitos más nobles y más altos. Se da cuenta que esta existencia tiene un propósito; que hay un designio, que hay un plan, que la vida de cada uno tiene que ser algo más y debe proyectarse a ideales y metas que de alguna manera trascienden esta existencia.
Es ante esos intentos, que podríamos llamar hasta quijotescos, que hace su entrada Jesucristo con su mensaje que es revelador además de extraordinario. Porque, en su tiempo, Jesús viene a una generación que también representa al hombre universal; que lo ha intentado todo a partir de su propias obras, que ha tratado de vivir una vida modelo y, en última instancia, ha procurado impresionar a los demás, a Dios y hasta a sí mismo con una conducta que la experiencia le demuestra no es capaz de respaldar.
Sí, a una generación decepcionada, y quizá también engañada, viene Jesucristo con su mensaje revelador. Como es el caso de aquella mujer que vive su vida en forma rutinaria y que cumple las funciones propias de su género, como lo era el trabajar de sol a sol y no esperar ninguna cosa a cambio. A una persona como ésta, que cumple con una rutina y que no entiende en términos generales el propósito de su existencia, Jesucristo le dirige sabias palabras, después que ella ha ido a un pozo a buscar el agua, elemento vital para una subsistencia que en muchos sentidos no tenía explicación. A aquella mujer, agotada y a lo mejor decepcionada, Jesús le dice: "Todos los que beben de esta agua, volverán a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en él en manantial de agua que brotará dándole vida eterna" (Juan 4: 13,14 VP).
Sí, la imagen tiene mucho que ver con lo que somos. Para una imagen deteriorada, la única solución posible es una re-creación, una renovación, y ello sólo es posible a través de una fuerza externa; en este caso, el poder de Dios que obra a través de su Hijo Jesucristo dándole al hombre la posibilidad que éste tiene de ser una persona nueva, renacida para experimentar la nueva vida.
Para aquella mujer decepcionada, que a lo mejor trabajaba de una manera mecánica y rutinaria, sin encontrarle algún sentido a su existencia, y también para nosotros, la verdad de este mensaje se hace evidente cuando Jesús viene a ofrecernos de esa agua viva en la que podemos encontrar el real sentido de nuestra existencia.
No quisiéramos concluir sin invitarte a considerar lo que hemos dicho. Quizá encontrarás algunas respuestas a las muchas preguntas que te has planteado a través de tu vida. Si hemos contribuido en parte a darte luz sobre algunos de estos hechos, nos sentimos más que recompensados.
Confiamos que las palabras de Jesús, dichas hace dos mil años a una mujer que probablemente tenía tus mismas inquietudes y preguntas, sean también las respuestas a tu necesidad.
Fuente: The hour the reformation |